Nunca reproches mi narrativa.
No te mires en mis líneas.
Mírate en mis ojos cuando te tomo de frente y te pido que escuches a través de mi respiración.
Nunca juzgues mis historias.
No te reflejes en falacias, en cuentos ficticios.
Mírate en mis brazos y en mis piernas que te abrazan cuando estamos fundidos debajo de tus sábanas a la media noche.
Vayamos juntos a ese lugar donde nosotros es más que una palabra.
Donde mañana es una vida, la tuya y la mía,
donde tejemos a través de la escritura una linda fantasía.
Nunca pongas atención a mis sin sabores, ni tomes demasiado en serio mis agonías.
Porque no hay nada amargo ni triste en la sentencia que leo en tus ojos y escribo en tus labios.
Allí, junto a ti, sólo hay alegría.
DEL KITSCH APOCALÍPTICO.
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