sábado, 1 de noviembre de 2008

Priceless

Recorrer el corredor turístico. Comer vasto en lo que fue una vecindad del centro histórico.
Sortear agujeros y despeñaderos mientras se admira la arquitectura. Caminar en una ciudad con más de 50 mil taxis regulares y más de 30 mil piratas para no encontrar uno solo. Subirse al Metro. Subirse a un taxi. Ser detenidos por policías de tránsito y discutir acaloradamente con ellos. Entrar en una oficina y en seguida salir de ella. Llegar a una casa limpia, ordenada, silenciosa y fría. Aceptar un vaso de vino de la vecina. Acariciar y besuquear sus gatos. Volver a la casa de la gotera. Beber té. Escuchar música. Fumar tabaco.

Un beso no dado, no tiene precio...